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MEDICINA MEDIEVAL

Los distintos niveles de formación de los médicos en la Edad Media eran tres; Bachiller, Licenciado y Doctor. Acceder al oficio era difícil y complejo, ya que debían enfrentarse a un examen con un ejercicio teórico y otro práctico. Pero las competencias del médico iban mucho más allá en la práctica; vigilaban la orina del monarca, sus alimentos, la dieta, obligaban a la realización de ejercicio físico, reconocían e incluso probaban el pan que se iba ingerir,… etc. Y paralelamente a los médicos estaban las parteras; cuidaban del embarazo y del parto pero sobre todo vigilaban el amamantamiento de la criatura. Las más codiciadas y profesionales eran las musulmanas. Otra disciplina era la de los cirujanos. En la corte de Juan II sabemos que al menos hubo dos, y que atendían diferentes aspectos del monarca, y por supuesto destacaban los boticarios los maestros de quebraduras (fracturas). Las fracturas eran patología común. El monarca que quizá tuvo una salud bastante precaria, sabemos que fue Juan II; dos fracturas de nariz, problemas dentales (muelas), de espalda, el brazo izquierdo con poca movilidad, mal de ijada, e incluso se cree que tuvo la malaria. Enrique IV también sufrió de diabetes, ijada y problemas de dentición. En definitiva, no es tema a desdeñar las enfermedades de la realeza, pues sabemos como afectaba directamente a la toma de decisiones y a su política, pero gracias a los últimos estudios podemos dar explicación a determinados comportamientos y actitudes de algunos de los reyes castellanos.

Curiosidad medieval; BAJO EL VELO

     Tenemos quizá, una visión un tanto distorsionada de la vida cotidiana de la mujer en la Edad Media, y aún más sobre la imagen de la mujer en al-Andalus. Se tiene noticia de que la mujer andalusí, en más ocasiones de las que se piensa, fue una mujer culta, inteligente y letrada. Sin embargo, tal vez por ser mujeres y encontrarse en segundos y terceros planos de la sociedad medieval, quedaron en el olvido. Son numerosos los estudios e investigaciones dedicadas a este respecto, y gracias a ello hoy tenemos conocimiento de un buen número de mujeres andalusíes que practicaron y estudiaron disciplinas como las matemáticas, la poesía, el canto, la música, la botánica,  la astronomía, la física o la medicina, e incluso sabemos que había mujeres dedicadas en exclusiva al oficio de copista del Corán.

     Las principales zonas en las que encontramos un mayor número de mujeres de esta índole, son Córdoba, Madinat al-Zahara, y Granada, entre otros lugares. Algunos trabajos como el de María Luisa Ávila, nos hablan de los distintos oficios y tareas de estas mujeres. Distingue a las poetisas y a las recitadoras de poesía, así como a aquellas que se dedicaban al adab o cultivar la literatura, además de aquellas que ejercían un trabajo propiamente dicho, las kativas. Junto a estas últimas destaca María Luisa Ávila a las copistas del Corán, así como de otros libros. En este grupo encontramos a la hija de Abd al-Rahman II. Otras de dedicaron el estudio e incluso a la enseñanza del Libro Sagrado. Uno de los casos más interesantes es el de una esclava de al-Hakem II en Madinat al-Zahara que se convirtió en astrónoma;  el propio Califa no dudó en pagar a un maestro para su educación y formación, y una vez terminada, volvió al alcázar de Córdoba como experta y ejerciendo dicha profesión.  

Destacamos, entre otros muchos, los estudios de María Luisa Ávila, diccionarios biográficos  Las mujeres sabias de al-Andalus, destacan; Las mujeres en al-Andalus. Fuentes e Historiografía. Manuela Marín, en Árabes, judías y cristianas. Mujeres en la Europa Medieval, Feminae, Unv. Granada, 1993, 35-52. ( CSIC), La mujer en la legislación musulmana, de Caridad Ruiz-Almodóvar o La vida cotidiana de la mujer en al-Andalus y su reflejo en las fuentes literarias, de Nadia Lachiri.

¿Sigues pensando que la Edad Media fue oscura?

LA FORTALEZA CALIFAL DE GORMAZ; PUERTA DE CASTILLA EN LA MARCA MEDIA

“…ayuntáronse de acá desta otra parte grandes poderes de moros e entráronle por la tierra e çercaron el castillo

de Gormaz, e combatiéronle muy de rezio….”

Cantar Primero del Cantar de Mío Cid, Biblioteca de Plata de los Clásicos Españoles

seleccionada y comentada por Francisco Rico, Texto de Ramón Menéndez Pidal,

Círculo de Lectores, Barcelona, 1988

      La fortaleza califal de Gormaz ha sido catalogada como uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar andalusí. Hay excelentes estudios al respecto, con rigor científico, que nos ayudan a conocer y a comprender su historia. No tuvo toda la importancia que otros monumentos sí adquirieron, sin embargo, susituación geográfica, así como los distintos avatares de su historia bálica, la convirtieron, junto con la fortaleza de Osma, Medinaceli y Atienza, en las ‘Puertas de Castilla’, puesto que suponían las plazas fuertes que custodiaban el limes castellano de la Marca Media y Superior durante el siglo X y la primera década del XI, además de ser el conjunto defensivo más avanzado de la cuenca alta del Duero, o Cabeza de Extramadura (Extrema Durii).

     Nuestro andar por Gormaz nos lleva a través de la arqueología, por la historia de un cerro, de una muela geológica codiciada, tanto por su cercanía al río Duero, como por su posición de carácter estratégico.

     La fortaleza de Gormaz, protagonista de una riquísima historia a sus espaldas, objeto de deseo de an-Nasir (Abd al-Rahman III) y al-Hakam II, así como de los cristianos, pasando de un bando a otro, sitio de reposo de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid en su destierro, además de ser el yacimiento en el que se encontró uno de los tesoros de armería más ricos de España, resulta que está en la ruina más absoluta. Se ha intervenido esporádicamente, en pequeñas reformas, como restaurar morteros o volver a levantar su puerta principal, con su característico arco califal, pero no mucho más. Su historia se nos presenta desde la Edad del Bronce hasta las Guerras Carlistas.

     La cronología en la que nos centramos a lo largo de estas líneas se fija principalmente, a lo largo del siglo X; es decir, el siglo del Califato Omeya de Córdoba, establecido por Abd al-Rahman III, quien toma el título de califa en el 929, dando a Córdoba su época de mayor auge político, cultural y económico. Este período durará hasta el año 1031 en que cae, y debido a los problemas internos se dividirá en las llamadas Taifas. De los muchos califas que gobernaron en este período, son los anteriormente mencionados los que intervendrán de forma directa en la fortaleza de Gormaz, a nivel bélico y político. Se está produciendo paralelamente la Reconquista de la Península. La Reconquista durante el siglo X se encuentra ya, en la tercera etapa; etapa en la que ocurre la batalla de Simancas, venciendo el Conde Fernán González de Castilla sobre an-Nasir. Es el tiempo también en el que se consolidan las plazas fuertes de la margen septentrional del río Duero, se expande la frontera hacia el sur y se va repoblando a la vez que fortificando.

     Desde el punto de vista monumental y arquitectónico, an-Nàsir comienza la construcción de la ciudad palatina de Madinat al-Zahara, al oeste de Córdoba, interviene en la Mezquita aljama de Córdoba, realizando la ampliación del patio, derribó el alminar y construyó otro que quedaría como ejemplo para los alminares almohades y algunos campanarios mudéjares. Su hijo al-Hakam II intervendrá también en la Mezquita con una de las obras más importantes, la maqsura, a la vez que amplía el haram (o zona de oración), y decorando con magníficos mosaicos el mihrab. Durante el siglo X asistimos al final de la arquitectura Prerrománica asturiana y comienza la andadura del primer Románico en la Península.

Visto así, la fortaleza de Gormaz supuso un enclave importantísimo tanto para los musulmanes como para los cristianos, puesto que pasó de un bando a otro. En lo que se refiere a su construcción se confirma que había una edificación anterior, que según fuentes como al-Maqqari es destruida por los cristianos y es ‘reconstruida’ por Gàlib,  qaid de al-Hakam.  Éste realizó obras, posiblemente en el 965. Esta fecha queda fijada gracias a la inscripción epigráfica de la lápida árabe de la ermita de San Miguel de Gormaz, ubicada al pie de la fortaleza. Grafemas en un tipo de cúfico florido que se usaba en tiempos de al-Mustansir (al-Hakam II). A pesar de que esta lápida se encontró empotrada en uno de los muros de dicha ermita, lo más lógico para los historiadores es pensar que procede de la propia fortaleza, usada ésta como cantera de fábrica. No sabemos a ciencia cierta si las obras de Gàlib fueron ex nihilo, o sólo fueron ‘reformas’, pero todo hace pensar que son lo segundo, aunque sin saber tampoco en qué parte de la fortaleza ni cuales.

En definitiva, una enorme fortaleza de la segunda mitad del siglo X, ubicada sobre un cerro, en el que posiblemente hubiera una construcción anterior; una plaza fuerte disputada entre musulmanes y cristianos, y cuya ocupación suponía tener el poder sobre la Marca Media.

“Arquitectura de ensueño, maestros canteros, edificios imposibles, vidrieras que iluminan el alma del fiel, guerras de cien años, Papas coléricos, matrimonios políticos, reinos forjados a fuerza de espada y caballería, monjes ‘negros y blancos’, ‘ora et labora’, marcas hispánicas, superiores, medias e inferiores, tratados de pergamino, armaduras y cotas de malla, suevos, vándalos, alanos, merovingi…os, islámicos, sajones, normandos, visigodos, otomanos, tetramorfos, el ajedrez, la pluma, los naipes, la brújula, la pólvora, la pintura al óleo, las jarchas, la cuaderna vía, goliardos, trovadores y juglares, copistas e iluminadores, Románico, Gótico, milenarismos y Almanzor, reyes, reinas, príncipes, princesas, castillos, fortalezas, ciudades palatinas, mitología, épica, héroes de leyenda, teocentrismo, cátaros y cisma, epidemias que viajan en barco, banqueros genoveses, letras de cambio, encaje de Brujas, Caminos y peregrinos, estamentos, feudalismo y barbechos,… 476-1492; ¿Sigues pensando que la Edad Media fue oscura?”
Cita

“Por grandes y …

“Por grandes y profundos que sean los conocimientos de un hombre, el día menos pensado encuentra en el libro que menos valga a sus ojos, alguna frase que le enseña algo que ignora.”

Mariano José de Larra